13.4.12

Se trata de saber sentir, de saber querer

Hoy hablaba con un amigo al que conozco desde hace muchos años y con el que últimamente puedo hablar pocas veces al año porque nuestros ritmos de vida casi nunca nos hacen coincidir, aunque siempre estamos pendientes el uno del otro a través de emails o mensajes de texto.

Hoy hablamos durante un buen rato.

Filosofando un poco de como se han desarrollado nuestras vidas desde que nos conocemos él llegó a una frase para definir la posible razón por la que estamos donde estamos y somos como somos (copio exacto lo que me dijo):

¨yo vivo tratando de entender las cosas, es mi placer,
tú vives sintiendo la vida, es tu placer¨

Me impresionó su manera de definirnos, definitivamente demuestra que lo suyo es intentar entender, y lo mío es el sentir, siempre he sentido que él es un hombre bueno y un gran amigo, por eso le quiero. Nunca he intentado razonar el porqué nuestra relación se mantiene tan buena por años aunque en los últimos tiempos nos veamos como máximo una vez al año  pero al reencontrarnos es como si el tiempo no hubiese pasado. Sólo siento que es un buen amigo y debo quererle, no intentar medir su amistad con las horas que me dedica, o por si se acuerda de mi cumple o no, o por los detalles que tenga  a cambio de los detalles que yo tenga con él o, lo más bueno de la amistad que nos une: que yo NUNCA debo tener cuidado con lo que le digo por temor a que se ofenda. Me hace sentir tan bien saber que no debo andar de puntillas con su amistad que eso me libera, porque es sólo sabiendo amar de una manera libre la que hace que queramos de verdad.

Todas aquellas personas que ponen reglas o deberes en las amistades creo que nunca sabrán lo que es una verdadera y están condenadas a perder las pocas personas que alguna vez puedan llegar a quererles, porque estando de puntillas en una amistad hace que de vez en cuando te caigas y no quieras levantarte para continuarla. Porque la gente también se cansa.

Las pocas veces en esta vida que he probado entender el porqué de las cosas, lo he pasado muy mal, alguna vez concluí que prefiero verme a mi misma como un río, dejándome llevar, porque allá donde menos lo espere  estará un salto de agua enorme o un mar donde me mezclaré, pero siempre seguiré fluyendo, así que prefiero dejarme llevar y no razonar tanto el porqué pasa lo que pasa y porqué las cosas no son como quisiera que fueran, porque este río, que soy yo, más adelante se enterará cuando llegue al mar que la vida me tiene preparado y deba saltar la cascada de las buenas cosas que me esperan.

Quizás en cierto modo busco protegerme a mi misma viendo la vida de esta forma. Quién sabe.

Este año pasado me he dejado llevar por otras aguas lejos de este blog, pero he vuelto y estoy feliz de estar. Así que sin pensarlo, sólo sintiéndolo, he decidido volver a escribir por este medio.

Besos para todos.

P.S. La foto la tomé en Cádiz

14.4.11

Soy lo que mi sobrina quiera que sea


Este relato comenzó aquí:

Continuó aquí:

Comenzaba a tomar forma aquí:

Seguía su orden aquí:
 

Y continúa ahora aquí haciéndome muy feliz al escribir las cosas tal como las viví.

El 15 de diciembre del 2009 mi mamá, mi hermana mayor y mi sobrina vieron por primera vez mi vestido de novia.

A esas alturas todavía  me preguntaba cuándo sería el día en el que Er Pisha de Cai me preguntaría si me quería casar con él, no soy una chica convencional pero debo reconocer que empezaba a pensar que nunca lo haría y aunque llegaba a hacer bromas con él como: “cuándo me lo pidas digo que no y ¡perdimos todos esos reales!, la verdad es que a esas altura ya me creía que podía llegar a pasar que estuviera caminando por el altar sin que me hubiera pedido si me quería casar o no.

Al llegar a la tienda donde tuve la buena suerte de comprar mi traje, mi sobrina estaba maravillada con todos los vestidos que veía a su alrededor, la verdad sea dicha que mi sobrina tiene unos ojos que le permiten ver  todo de una manera hermosa y disfruta de todo como nadie, quizás lo habrá heredado de mí, que a estas alturas de mi vida no hay nada bueno que no me cause impresión y me enternezca el alma.

La mujer encargada de ayudarme con mi vestido (desde el principio fue siempre la misma) les pidió que esperaran sentadas fuera, en unos sillones muy grandes y muy cómodos que están en los probadores diseñados para que las familias esperen a sus novias de la manera más cómoda mientras nos arreglan. El vestido que me ponían esta vez en mis manos era finalmente el mío, que para esas fechas ya lo tenían listo. ¡Era espectacular!, mucho más hermoso de lo que recordaba. Tenerlo conmigo era la prueba definitiva que todo aquello que parecía un sueño era cada día más real. Er pisha de Cai y yo nos casaríamos.

Pensé en toda la gente que había trabajado en la  fabricación de ese vestido de ensueño, que quizás ni se imaginaban la importancia en mi vida de esas telas que con tanta dedicación habían cosido y que vestirían a alguien que a esas alturas de su vida nunca pensó que algún día organizaría su boda pero que estaba segurísima de querer pasar el resto de su vida al lado de un hombre que un buen día sin venir a cuento se cruzó en su camino robándole el corazón para siempre.

Luego de ayudarme a vestir con mucho cuidado, la mujer pasó a peinarme, improvisando un peinado que aún con la rapidez con que lo hizo parecía recién hecho en algún salón de belleza, era una persona con unas manos muy delicadas que hacían maravillas con todo lo que tocaba, de ella guardo muy buenos recuerdos sobre todo por el cariño con el que me trató durante todas las veces que nos vimos con la maravillosa excusa del vestido. Ese día al terminar de ponerme el velo y abriendo un poco la cortina de más de dos metros que escondían la sorpresa mejor guardada de una novia,  le preguntó a mis tres chicas (me faltaba solo mi hermana menor para que aquello hubiera sido totalmente perfecto) si estaban preparadas para verme, y ellas sonrientes le dijeron que sí. Cuando por fin salí intentando hacerlo de la manera más elegante posible para darles el regalo completo, vi sus caras que se mezclaban entre admiración y ternura quedándose grabadas en mi memoria para siempre. Mi mamá se emocionó demasiado y sin intentar guardar ni un momento su alegría exclamó: “¡AY MAMI QUE HERMOSA ESTÁS!”, mi hermana me dijo con mucha dulzura que estaba ¡BELLA! y mi sobrina aplaudiendo emocionada exclamó: “¡TATA ERES UNA PRINCESA!”, a mi hermana, a mi mamá y a mí se nos llenaron los ojos de lágrimas al ver a mi sobrina así, tan feliz ante algo tan importante para nosotras.

Y sí, ese 15 de diciembre del 2009 era Princesa, porque yo soy lo que mi sobrina quiera que sea, así es el amor, incondicional, y era por ese mismo amor que estaba yo ese día vestida de novia, algo que nunca pensé que podía llegar a pasarme algún día pero que ni en sueños (si alguna vez lo hubiera soñado) podría haberlo imaginado más hermoso.

Sin saber de dónde salieron, aparecieron en pocos segundos muchas mujeres alrededor mío, personas que estaban en la tienda y que seguramente alguien llamó para que me vieran, todas estaban entusiasmadas con mi vestido y me di cuenta que mi hermana y mi mamá se abrazaban de alegría, todas me pedían que diera un paseo delante de ellas con el vestido, así lo hice, aplaudieron contentas y yo, que me sigo sorprendiendo de todo lo bueno que me regala la vida día a día, tenía el corazón arrugadito, arrugadito. 

Fue demasiado especial.

Yo seguí caminando por parte de la tienda con mi traje a petición de todas las damas presentes que me indicaban como se caminaba con un traje muy andaluz. Porque siendo el novio de Cádiz mi mejor regalo para él que había aceptado casarse en mi tierra era premiarle con un traje andaluz, en honor a su tierra, esa tierra que todos los días que estoy en ella me regala sol y vida.

Debo confesar que luego de toda la euforia de ese primer día con mi vestido me entraron unos nervios que no había experimentado antes, quizás es porque sabía que teniendo mi traje listo era sólo cuestión de tiempo para ir del brazo de mi papá caminando por la iglesia para decir finalmente, ¡Sí quiero!

A partir de ese momento quedaban sólo 4 meses y medio para el gran día. Pero antes de eso muchas cosas tendrían que pasar, entre ellas la boda Civil que a esas alturas estaba planeada para que fuera en Cádiz, así que decidí tomármelo con calma porque con mi familia casi entera a mi lado, por navidad, no era momento para pensar en más nada que no fuera consentirlos y disfrutar de ese momento.

La mujer de la tienda me dijo que el velo si quería, podía pasar a recogerlo en dos días que ya tenían el mío y si quería me lo podía llevar a casa, así lo hice. Dos días después volvía a casa con mi velo de novia en mano, un velo mantilla muy largo, porque al final esta que escribe que nunca soñó con casarse, lo quería todo, tal como aquella que lo lleva planeando toda su vida, incluyendo un velo largo muy largo y con algo de mantilla en honor al novio que como ya mencioné, es andaluz.

Er pisha de Cai que desde el principio estuvo más nervioso que yo con los planes de boda, no pudo ser el mismo sabiendo que el velo estaba en casa, y aunque yo tenía la caja en un armario donde él normalmente no tendría que revisar nada tan fácilmente, para él era como si aquello que era parte de mi vestido pudiera cobrar vida y caminar hacia él para que lo viera y con eso de creer en que aquello trae mala suerte la angustia de tenerlo en casa no se le pasó sino a los pocos días cuando le dijimos que lo que trae mala suerte no es que el novio vea el velo de la novia sino el vestido.

Mentira piadosa.

Aquella tarde del 15 de diciembre del 2009, mi hermana propuso que celebráramos el día tan especial que habíamos tenido yendo a tomar unos churros con chocolate que están muy buenos pero que en Cádiz son aún más sabrosos.

Yo, por aquello de la alergia al chocolate, preferí acompañarlos con un ¨manchao¨ que es el café con leche venezolano de toda la vida y sabe igual de rico aquí o allá, porque al final las cosas buenas de la vida, siempre son buenas, estés donde estés, las llames como las llames.

Feliz todo.


17.2.11

Por amor

Por amor he hecho muchas cosas buenas en la vida.

En primaria estuve enamorada de un niño que era hermano de una de mis mejores amigas del tercer grado, él, mayor que yo, estudiaba el quinto grado, y por supuesto, nunca se enteró que yo existía, pero yo con mis (si mis cálculos no me fallan) casi 9 años, suspiraba todos los días sólo con verle.
Mi primer diario está escrito desde que yo tenía siete años, en ese primer año con diario hablaba de aquel niño que me había roto el corazón enamorándose de mi prima en el primer grado que cursábamos juntas. Así que para cuando ya contaba con casi nueve años la capacidad de amar era mucho más intensa (la intensidad que da la experiencia, por supuesto).

Caramelito Vladimir, así le puse a un hámster que compramos en casa para una tarea de la escuela, el motivo era cuidar a una mascota durante un tiempo, mi madre que descubrió su pasión por los perros cuando nosotros ya no teníamos ni ganas ni tiempo para cuidar a una mascota, decidió que esa mascota, el hámster, era la única que permitiría para tal descabellada tarea, lo adoptamos en casa y el nombre era en honor a él, a mi amor del tercer grado, Vladimir, el hermano de Mariangeles. Visto en la distancia suena poco romántico comparar al hombre (o niño) de mi vida en aquel momento con un roedor que para decir la verdad, era feo, muy feo.

Aunque en mi mente infantil cuidar a mi Caramelito Vladimir era en cierta forma cuidarle a él, al Vladimir de mis sueños, el niño por el que cada día ir al colegio era un paseo por las nubes. Hablarle a aquel hámster declarándole mi amor diario era desahogar aquello que la timidez me impedía decirle al verdadero Vladimir. Insisto, suena raro en la distancia pero en aquel momento fue lo máximo que me pudo pasar. Sobre todo porque su hermana, Mariangeles, nunca sospechó nada por aquel nombre que había escogido para mi mascota, simplemente le parecía gracioso que se llamara como su hermano. Supongo que en ninguna cabeza cabría la idea que yo pudiera estar enamorada de alguien dos años mayor que yo, porque en esos tiempos de infancia cada año es un siglo y Vladimir con sus casi 11 años era un viejo comparado conmigo.
¿Pero qué se le va a hacer si así es el amor?


No tengo ni idea qué ha sido de la vida de Vladimir, y aunque le recuerdo con cariño no ha sido el único del cual me he enamorado. He tenido la suerte de tener un corazón loco, soñador, abierto al amor siempre, amor que ha llenado mi vida con cosas buenas, muy buenas.

Sin contar los amores fugaces de la infancia, puedo decir que me he enamorado de verdad ( o hasta los teque teques, como diríamos en Venezuela) cuatro veces en mi vida. Los amores de verdad son para mí aquellos que nos hacen reír y llorar con la misma intensidad, aquellos que te arrugan el alma, que hacen con solo una mirada que el corazón se detenga sin llegar a matarte, que te hacen viajar por horas para compartir sólo unos minutos juntos, aquellos con los que te sientes inmortal, aquellos con los que olvidas de todos tus males, los que con un beso te entregan el mundo y te lo arrebatan al mismo instante, los que hacen que pierdas el sentido del tiempo y el espacio, los que te hacen desear que todo fuera así, simplemente así para siempre, porque no necesitas más. Los que te llenan el alma de recuerdos que te acompañarán toda tu vida y en los momentos que más lo necesites te arrancarán nuevamente esa sonrisa y esa lágrima de alegría, alegría por aquél que, sabiéndolo o no, te arrancó para siempre un trozo de tu corazón.

Por amor he hecho muchas cosas buenas. Y las seguiré haciendo. Es el amor un sentimiento tan intenso que mueve mi historia y me llena de recuerdos hermosos todas las etapas vividas hasta ahora (¡y las que me quedan!).

Lo que es nuevo para mí, es el reenamorarme todos los días, que alguien a quien llevas amando ya por más de una década te paralice y te deje sin respiración casi a diario con una mirada, una palabra, una sonrisa inesperada, alguien que te hace sentir que aún estás soñando cuando despiertas y le ves a tu lado. Ese es mi hoy, que no cambiaría por nada. Ese hoy que me llena de mariposas el estómago y el alma a diario. Ese presente que está lleno de la misma ilusión que me hacía suspirar a los nueve años, ese presente que ni cuando soñaba despierta mirando a la luna cuando era una adolescente mientras pedía que llegara el amor, ese amor con el que sientes que el tiempo se ha detenido para siempre, podría imaginarlo tan maravilloso.


Soy una afortunada.

Feliz todo.

17.12.10

It's So Easy

La felicidad debe ser una fuerza que provenga de nuestro interior, que nos haga reír en los momentos que sentimos esa tristeza que creemos que nos va a matar, pero no lo hace, porque esa energía que viene de nosotros lo impide, esa misma que cuando nos intenta atacar la soledad nos hace sentirnos más acompañados que nunca, nos obliga a ir al cine sin necesidad de ir con alguien y a abrir una botella de vino aunque no tengamos a nadie con quien brindar, más que a nosotros mismos, y es que en esos momentos esa fuerza nos recuerda que estar solos no necesariamente significa no estar acompañados

Cuando vi la película Cast Away, o Naúfrago, protagonizada por Tom Hanks, me sentí totalmente identificada y demás está decir que me encantó, la culpa de todo la tuvo la forma en que veo la vida, yo soy también de las que aprendería, si no tuviera a más nadie a mi alrededor, a sobrevivir valiéndome por mi misma y me la pasaría bien, lloraría al principio claro está porque no ver a mi familia y a los seres que quiero durante un tiempo no sería algo fácil de llevar, pero me sobrepondría y hasta un Wilson me buscaría, de foto que llevar me quedaría con la de mi sobrina, en especial esa con su vestido verde y su corona de flores el día de mi boda, sí, así todo sería más fácil y ésta que escribe aquí, sobreviviría.

Cada vez que conozco a alguien que se declara incapaz de ser feliz me da tristeza pensar que quizás esa fuerza se pueda apagar algún día, a mi la llama se me ha intentado apagar en pocas oportunidades, aunque no lo ha logrado porque llevo toda mi vida alimentándola con amor ( soy de las afortunadas a la que mucha gente quiere y que, por encima de todo, quiere a mucha gente) y también siempre le he añadido esperanza a esa fuerza interna, la esperanza de que pase lo que pase todo siempre va a estar bien, sin importar que tan negro lo vea todo, todo siempre va a estar bien.

Eso es lo que creo que diferencia a los seres humanos, aquellos que en cada amanecer buscan un motivo para mantener esa fuerza interna creciendo y los que deciden que no los hay y se olvidan de mantener la llama viva, por eso la luz se apaga y así no hay caminos nuevos que recorrer porque cuando la oscuridad se presenta y no hay una luz que nos guíe, todo pareciera no tener sentido.

Una de las cosas a las que más temo en la vida es a la oscuridad, recientemente descubrí por accidente que es una conducta aprendida ya que las madres cuando creces y ya no tienen miedo a descubrirte sus temores, como la mía, te muestran el porqué de tantas cosas y el porqué de mi temor es porque mi madre tiene más miedo a la oscuridad que yo. Y eso no lo supe sino hasta hace poco. Visto desde mi presente es algo que le agradezco, y mucho, finalmente es ese mismo miedo a la oscuridad externa el que me ha hecho temerle aún más a la interna. Por eso cada día, sin importar que tan tenebroso parezca el panorama, cierro los ojos e intento encender esa luz que me lleve a dónde la felicidad me va a premiar. Y así me va.

Besos para todos. Feliz fin de semana.

17.10.10

¿Cuál es tu mina?

En uno de los viajes que er pisha de cai y yo nos hemos regalado después de la boda, llegamos hasta una de las maravillas naturales de esta tierra, Las Cataratas de Iguazú. Un espectáculo. Tanto como lo fue estar hace algunos años en el Salto del Ángel en mi país, Venezuela, y como fue visitar La Patagonia argentina este mismo año también.

Las Cataratas de Iguazú tienen dos lados, uno argentino y otro brasilero. Nosotros estuvimos en los dos. Fue estando en el lado argentino que conocimos a una pareja de sevillanos con los que vivimos de cerca presenciar esas cataratas por primera vez en nuestras vidas, en el recorrido para llegar a ellas el chico y yo conversamos un buen rato, hubo un buen feeling entre él y yo y creo que le inspiré la confianza suficiente para confesarme el motivo de su visita a ese lugar tan mágico: hacía algunos años que le habían detectado un cáncer que le había hecho pasar un período terrible de quimioterapia y llanto, de desesperación por no saber si sobreviría o dejaría a sus tres hijos pequeños huérfanos y a su esposa viuda con lo justo para vivir el resto de sus vidas, “qué fuerte pisha” cómo dirían en mi Cádiz.

En uno de esos días duros de quimioterapia, con el ánimo en el piso, decidió navegar por Internet para distraer al demonio que se te mete dentro cuando crees que lo has perdido todo, fue así que dio por casualidad con las Cataratas de Iguazú y en ese instante, maravillado por las fotos que veía, decidió aferrarse a ese cable ardiendo y prometerse a sí mismo que no sólo sobreviviría al cáncer sino que al hacerlo su primera misión de nueva vida sería visitar junto a su mujer esas Cataratas. Se comprometió consigo mismo que si lograba vencer a la muerte esta vez, viajaría más para ver todo lo que hasta ese momento se había perdido. Y allí estaba yo, caminando al lado de ese hombre que había ganado esa batalla, en su recorrido hacia el lugar que de alguna manera le había salvado. Sin buscarlo,yo era testigo de un milagro, no del milagro de alguien que se salva de la muerte, sino de alguien que abre los ojos y decide vivir sin importar cuánto le quede.

Cuando le conté al pisha de cai lo que había sucedido con este hombre, me dijo lo que él ya sabe hace mucho tiempo, que no entendía el porqué la mayoría de las personas sólo comienza a vivir cuando la muerte toca a su puerta. Cuándo la experimentan tan de cerca que se dan cuenta que es tan real, que te puede tocar incluso a ti. Lo paradójico es que la mayoría de las personas deciden vivir de verdad sólo cuando saben que en verdad se van a morir.

Lamentablemente para todos, corremos el riesgo de morir desde que nacemos y es muy arrogante pensar que siempre tendrás tiempo para hacer todo aquello con lo que soñaste porque no importa que tan especial te sientas, todos iremos a parar al mismo hueco. El problema está que pareciera que a muchos les falta su Wake up call particular para enterarse. Al pisha de cai nunca le hizo falta porque nació con un maestro de más de mil años de sabiduría en su alma (como le odio por eso), y a mí, ya me la hicieron dos veces desde que vivo así que cada minuto de mi vida es tan especial como todos los billones que espero me queden por vivir.

Vivir es una decisión personal, morir no.

Con estos de los mineros que mantuvo al mundo entero con la mirada en Chile, país al que por cierto también tuve la suerte de conocer este año, recordé al chico con el que caminé hacia Las Cataratas, el motivo fue porque entre lo poco que han declarado a la prensa de lo que sintieron estando allá abajo sin saber si saldrían o no, manifestaron el deseo infinito de vivir de verdad si alguna vez lograban salir de ese infierno. Ellos, que todos los días arriesgaban sus vidas en un trabajo que pocos desean, ellos, que tenían la muerte pisándoles los talones a diario, ellos, precisamente ellos, no se habían dado cuenta que vivir es una decisión personal, morir no.

¿Necesitas quedar atrapado en una mina durante setenta días para saber que viniste aquí a vivir y a hacer de cada minuto lo mejor posible porque no sabes si será el último? ¿Cuál es la mina que necesitas en tu vida para darte cuenta?

Yo mientras, me voy a arreglar que hoy cumple años mi cuñado y queremos celebrarlo, celebrar la vida que es lo que vinimos hacer aquí.

Un beso para todos. Feliz Semana.


Wake up call: es una llamada telefónica que pides que te hagan en un momento específico para que te despierten, se hace normalmente cuando estás en un hotel.

17.8.10

Lo más importante


Casarse, es un acto de amor. Decirle a la otra persona que la amas y tienes la mejor de las intenciones de que sea para siempre, haciendo partícipe de ello a tantas personas a las que quieres e invitas a compartir ese día, no puede partir de otra cosa que no sea del amor.


Con ello no quiero, si acaso, insinuar que quién no se case no ama, sería incapaz (por razones personales) de pensar algo así, sólo que estoy convencida que casarte, de todo corazón y estando convencido de lo que estás haciendo, es una consecuencia del puro e infinito amor.

Además de una fiesta. Qué, en nuestro caso, fue un tanto complicada para preparar, teniendo entre otras cosas familia y amigos de otros países que vendrían a Venezuela (un país con tan mala reputación en cuanto a seguridad) para vernos casar. La cosa no pintaba muy tranquila. Aún así decidí no preocuparme por eso hasta no verles llegar uno a uno al Aeropuerto Internacional de Maiquetía de Caracas. Para ello quedaban muchos meses y muchas cosas que preparar.

Durante los preparativos de la boda lo único que tuve en mente era que algo que el pisha de cai me repetía contínuamente:lo que realmente importaba para que la boda se llevara a cabo éramos él y yo. Lo menciono porque todos los que han pasado o están pasando por ese momento conocen muy bien el trabajo que implica preparar una boda y puede llegar a ser algo estresante sino se recuerda que sin importar qué tan grave parezca un problema que surja en el camino, lo único que necesitas para casarte es a la otra persona y, por supuesto, el amor que les une y les ha hecho tomar esa decisión.

Con mi hermana, que estuvo con nosotros en Cádiz durante parte del verano y otoño del año pasado, me senté varias veces en algún chiringuito a preparar una lista de todas las cosas que tendríamos que tener listas antes de la boda. Era una lista que abarcaba desde lo más simple hasta lo más importante. La lista era inmensa pero todo lo que habíamos escrito era fundamental.

Intentaba no asustarme.

Lo primero que teníamos que poner en papel era a quién invitar. Esto puede sonar muy simple pero en el caso del pisha de cai y del mío no lo era. Él, es de Cádiz, como su nombre bloggero indica, yo, de Caracas como todos los que me leen desde hace tiempo lo saben, hemos vivido buena parte de nuestras vidas en Holanda y juntos vivimos en Cádiz en la actualidad (aunque no parezca porque nos la pasamos viajando de aquí para allá). Eso, además de haber llenado nuestras vidas con cosas lindas que contar cuando lleguemos a viejitos, también ha traído muchos buenos amigos que no queríamos dejar de lado en un momento tan especial, el asunto era no dejar a nadie fuera y eso implicaba bastantes horas de trabajo para saber a quién incluir. No fue nada sencillo.

Mi hermana, el pisha de cai y yo, vinimos juntos a Venezuela a finales de Octubre del 2009, la idea era estar durante varias semanas preparando las cosas más importantes de la boda; el sitio, como lo relataba en un post anterior, ya lo teníamos, ese mismo sitio se encargaba de la mayor parte del decorado y de toda la comida, ellos nos refirieron a otro lugar donde teníamos que escoger los manteles ellos a su vez podían encargarse de las flores, una de mis hermanas nos asesoró con respecto a la música, mi otra hermana y mi madre nos ayudaron muchísimo haciendo visitas en muchos lugares que nos recomendaban (la más dulce de todas fue a la persona a la que finalmente le encargamos los postres) una cosa llevaba a la otra y todo parecía salir sin problemas porque contábamos con mucha ayuda y principalmente porque estábamos dispuestos a escuchar a todo el que nos quisiera asesorar. Creo que esa fue la clave.

Mi familia, el pisha de cai y yo decidimos irnos a La Isla de Margarita con la excusa de pasar unos días de playa pero con el objetivo principal de comprar el whisky y el champán para la fiesta (es puerto libre). Fue un viaje muy bonito, estuvimos varios días todos juntos, excepto mi hermano que tenía que trabajar, al final la excusa de comprar el licor nos vino bien a todos porque nos relajamos por un rato de los preparativos.

En tan corto tiempo, tantas visitas a tantos sitios y tantas cosas por ver, probar o aprobar no fue un trabajo fácil, aunque había algo que lo hacía muy especial y era el saber que estaba en mi tierra organizando algo que en pocos meses se convertiría para todos en un día tan especial y eso me entusiasmaba a levantarme todas las mañanas para aprovechar al máximo todos los días que estuve en Caracas.

Volvimos a Cádiz con la certeza de que habíamos logrado ver casi todo lo que queríamos y con ello teníamos un buen principio. Por muy duro que se trabaje para una boda creo que durante todos los meses previos a ese día casi todo el mundo tiene la idea de que falta por hacer mucho más de lo que en realidad queda. Y esa sensación no se va tan fácil. Yo la tuve hasta un mes antes de la boda cuando tuve que organizar hoteles, viajes y muchas cosas más de todos los invitados que venían del extranjero, estaba tan ocupada con todo eso que me olvidé de pensar si me faltaba mucho por hacer o no. Mucha gente no supo cómo aguanté toda esa presión y podía sonreír sin mostrar ni un poquito del estrés al que estuve sometida, más por la logística de nuestros invitados que por nuestra boda en sí. Visto en la distancia, creo que todo lo que tuve que hacer por nuestros invitados me vino muy bien porque no me angustié por tonterías, simplemente no tenía tiempo.

En el mes de Septiembre del año pasado decidí tomar un período de seis meses y medio de descanso laboral, que llegaría un mes y medio antes del día de la boda, el quince de marzo de este año para ser precisa. Eso me daba ánimos cuando pensaba que el tiempo no me rendiría para preparar la boda como debía, lo que no sabía era que el período laboral previo a mi descanso sería el más estresante que recuerdo desde que trabajo en mi empresa. Mi cabeza estaba al diez por ciento en la boda y el otro noventa por ciento en el trabajo. Así que no fue un camino de rosas pero tampoco me desanimó porque al final del día recordaba que lo más importante para casarme, tal y como el pisha de cai me repetía contínuamente éramos él y yo. Lo demás vendría por añadidura.

Y así fue.

Este relato comienza con el post publicado el 28 de mayo de este año ¨Las cosas que nos unen¨, si lees todos los posts en ese orden, éste tendrá más sentido.

28.6.10

El vestido te escoge a ti

Cuando entras en el mundo de la gente que dice ¨Sí, quiero¨, o que no lo dice (como yo) pero igual decide casarse, empiezas a entender un montón de cosas que en principio te parecían sin sentido, pero que con el tiempo adquieren una importancia que puede llegar a asustarte.


La primera vez que tuve conciencia de haber escuchado la frase: ¨El vestido te escoge a ti¨, fue poco antes de ir a buscar mi traje de novia de la mano de mi hermana menor. Aprovechamos sus vacaciones del año pasado para hacerlo, en septiembre ella fue a Cádiz por unas cuantas semanas y entre los planes que teníamos estaba el comprar el vestido juntas, mi mamá y mi otra hermana tenían planeado pasar navidades con nosotros en Diciembre y sólo tres meses para encargar el vestido nos parecía muy poco tiempo. Así que tomamos la decisión de encargarlo juntas y las dos solitas, en septiembre.
No sabíamos muy bien lo que queríamos. Y digo lo que queríamos porque si de algo yo estaba segura hasta ese momento es que sería incapaz de escoger el traje sola, decidimos comenzar por el principio y nos fuimos a hacer citas en las tiendas que son especializadas en la venta de trajes de novias en Cádiz, esa tarde llamé al pisha de cai y le dije que estábamos camino a las tiendas y que le llamaría si tenía buenas noticias, lo que significaba que había encontrado un traje y que ya no tendría que buscar más, porque aunque la idea de casarme ya estaba entrando poco a poco con calma por mis venas, el escoger el traje y que tardara en encontrarlo me empezaba a poner un poco nerviosa.
Entramos a la primera tienda y sinceramente se me hizo muy extraño decir, ¨hola, voy a casarme y vengo a buscar mi traje de novia¨, la chica de esa tienda me ratificó lo que ya sabía, había que hacer una cita para que me atendieran, el problema era que la cita que me daban era casi para la fecha de la vuelta de mi hermana a Caracas, pensábamos que era muy arriesgado porque si encontrábamos algo que nos gustara en otra tienda, no podíamos esperar tanto para compararlo con esta tienda. Mi hermana insistiendo logró una cita un poco más cercana pero aún así era en un par de semanas. La aceptamos y nos llevamos el catálogo de la tienda.
Fuimos a la segunda tienda y allí nos esperaba otro ambiente, las personas que trabajan en esa tienda nos hicieron sentir bienvenidas al primer minuto, nos trataron tan bien que sin haber visto los vestidos ya sabíamos que compraríamos aunque fuera la ropa interior allí para no decepcionarles.
Al llegar nos llevaron a unas mesas donde estaban las fotos de los trajes en un tamaño lo suficientemente grande para enamorar a cualquiera, nos dieron unos marcapáginas dorados para que señaláramos los que más nos gustaban, así lo hicimos, mi hermana marcó los que más le gustaban a ella y yo los que más me gustaban a mí. Al rato la chica se acercó y se sentó a ver lo que habíamos escogido, empezamos juntas a descartar algunos, ella era muy honesta y me decía el porqué no debía escoger uno u otro, y era tanta su sinceridad que asustaba, sobre todo porque descartaba algunos de los más caros y se notaba allí que lo de ella no era vendernos un vestido sino hacer que yo saliera de esa tienda con el vestido que mejor me iba.
Hubo uno de los vestidos que al verlo simplemente me enamoró, era el que yo quería, respiré al ver que a mi hermana también le gustó y que la chica no lo eliminó de mi lista, finalmente de la veintena de trajes que habíamos marcado, la chica con su fabulosa ayuda logró reducir la selección a siete, me dijo que me los probaría todos pero que debía decirle cuál era el que más me gustaba porque ese sería el primero que me mediría, le señalé el traje, e inmediatamente nos dirigimos las tres a los probadores, que por cierto, son dignos de una Reina. Bueno, así me sentí.
Al colocarme el traje la chica improvisó un peinado, me puso el velo y todo eso mientras mi hermana esperaba fuera, ella le pedía a mi hermana que no se asomara, que la sorpresa era la mejor parte, mi hermana le hizo caso, aún muriéndose de la curiosidad, salí del probador vestida y peinada y a mi hermana al verme se le llenaron los ojos de lágrimas, fue LA GRAN SEÑAL, y aunque a esas alturas teníamos la certeza que el vestido era ese,nos quedaban aún otros seis para probarnos. Cuando llegué al cuarto traje y salí para que mi hermana me viera, vi a un grupo enorme de mujeres que venían con una chica que tambíen buscaba un traje, al salir todas pusieron cara de alegría al verme, esa alegría que sólo una mujer vestida de novia puede inspirar, la que buscaba el traje de novia les dijo: ¨ese es el traje que yo quiero para mí¨ a lo que respondí inmediatamente: ¨no te preocupes que no es el que yo he escogido hasta ahora, sólo me lo medía para ver que tal me quedaba¨, todo eso venía a cuento porque en Cádiz no te dejan llevar el traje si hay una novia que se casa el mismo día que tú y ha escogido el mismo traje. Así evitan que coincidan saliendo y entrando a la misma iglesia con los mismos trajes. La chica respiró tranquila, y si mal no recuerdo creo que fue la abuela de ella la que me pidió que me probara entonces el traje que yo había elegido. La chica que me ayudaba en la tienda accedió a probármelo, y así, al mismo tiempo que la novia de ellos se metía en el probador a probarse el traje que a ella tanto le gustaba, me metí yo a probarme el traje, para complacer la petición de la señora.
Salimos las dos al mismo tiempo, véase en la escena a una chica que ha llevado a todas las mujeres de su familia para medirse el traje y a mí acompañada únicamente por mi hermana que se encontraba sentada en un rincón junto a todas esas mujeres, imagínennos a las dos saliendo al mismo tiempo de los probadores, cada una con el traje de novia que más nos había gustado, lo que recuerdo (y es lo que espero que no recuerde la otra chica a estas alturas) son las risas de felicidad, las caras de asombro y hasta los aplausos que me prodigaron todas esas mujeres al verme a mí, en Cádiz, vestida con un traje tan flamenco como si a mí, alguien me hubiese parido en un hospital de Cádiz y no en mi siempre querida Caracas. No puedo dejar de escuchar en mi cabeza todo lo hermoso que me dijeron al verme, pareciera que mientras escribo me lo repitieran para no olvidarlo. Nunca lo haré.
Debo confesar que me sentí muy feliz ante la reacción de todas ellas, porque estar sin mi mamá y mi otra hermana en un momento así no era algo fácil, pero la felicidad me duró pocos segundos y fue cuando me percaté lo terrible de lo que estaba pasando paralelamente, cuando la chica que ayudaba a la otra novia les dijo a la familia: ¨Oye, aquí está también vuestra novia, ella es vuestra novia y está vestida esperando a que le digan algo¨, y allí, todas las miradas que yo sin querer había robado se dirigieron a ella, pero ya era un poco tarde. La chica tenía una cara entre tristeza y decepción, se los juro que no le deseo a nadie estar en una situación así, que horror. Le pedí disculpas pero creo que se lo tomó mejor de lo que cualquier otra hubiera hecho. Todas empezamos a alabarle su vestido, porque sinceramente iba radiante.
Yo no me probé ningún traje más, luego de lo sucedido con la familia de la otra novia mi hermana me dijo: ¨este es, no lo pienses, cómpratelo¨.
Así hicimos.
Fuimos a la caja, pagamos una tercera parte del costo con la condición que podías anular la comprar en 72 horas, salimos felices de la tienda, nos abrazamos y mi hermana me pidió que no viera más trajes porque me entrarían las dudas, le dije con la misma seguridad que siempre me inspiró ese vestido, que mirara lo que mirara yo estaba convencida que no encontraría nada que me gustara más. Y así fue.
A los pocos minutos de haber salido de la tienda y sin haber pasado más de una hora y media desde que le había dicho al pisha de cai que íbamos a buscar el vestido, le llamé y le di la buena noticia, casi se desmayó al otro lado del teléfono, se puso muy nervioso y me dijo que era una locura, que nadie se compraba un traje de novia tan rápido y menos sin ver más opciones en otras tiendas, en ese momento entendí la frase y se la repetí esperando que eso le calmara (no lo hizo):
¨El vestido te escoge a ti, no al revés, además, sino necesité tanto tiempo para saber que tú eras el correcto, por qué lo necesitaría con un vestido?¨
No fue sino hasta casi 7 meses después, en Caracas, el día de nuestra boda, que el pisha de cai respiró tranquilo al ver que era cierto, el vestido que había viajado desde tan lejos, nos había escogido a nosotros.
Un beso para todos.
Este relato comienza en "Las cosas que nos unen", sigue en "De cómo comenzó todo", sino lees los anteriores quizás éste no tenga mucho sentido (recomiendo leerlos).