A Laura le molestaba la belleza de Teresa, con catorce años alguien bello es doblemente más bello cuando a esa edad se espera acné, cuerpos raros que todavía no terminan de formarse, caras raras que no logran definirse, tal cual como en el caso de Laura, por eso no le perdonaba a Teresa que fuera por la vida con una sonrisa y les recordara que aquel mal llamado pubertad no atacaba a todos por igual.
Todos los días al entrar a clases Teresa saludaba a todas con el " Buenos días" que su mamá le había enseñado desde que era una niña "Teresa no importa donde llegues siempre debes dar los buenos días o las buenas tardes". Y Teresa, que además de bella era muy obediente, así lo hacía. Pero Laura lo odiaba, ella era la única que no respondía a ese saludo, porque a su edad y sin haberse llevado muchos palos ya era lo suficientemente amargada para odiar a una persona que además de bella fuera simpática.
Teresa estudiaba en una escuela que en Venezuela llaman de niñas bien. A sus 22 Teresa pensaba que en realidad eso de Bien, venía por lo bien mal intencionadas que eran casi todas sus compañeras, pero en aquel momento, con catorce, sentía orgullo de poder estudiar en el mejor Colegio de su urbanización. A los padres de Teresa les costaba mucho pagarlo y eso lo sabían todos, incluso Laura. Quien tenía de fea lo mismo que de mala gente, solo que cuando se tienen catorce las personas no llamamos a las cosas por su nombre, en aquella época la definían como poco agraciada y un poco difícil. Pero la verdad era esa, era fea y mala gente.
De que Laura era fea Teresa lo supo desde siempre, la maldad era algo que no supo sino un poco más tarde, quizás en un momento un tanto cruel.
Era la época de los quince años, esa época donde todas invitan a todas para sus fiestas. Teresa ya sabía que a ella esa fiesta no le tocaba, sus padres le habían explicado que el dinero no les daba y que le comprarían algo de ropa y le cantarían el cumple pero que no podían hacer la fiesta soñada, prometían que algún día tendría no solo una fiesta sino 100 que la compensarían. A Teresa no le importaba mucho, pensaba que disfrutando de las fiestas de sus compañeras una a una podría vivir finalmente una gran fiesta, su hermana mayor que era muy buena costurera le tenía el vestido perfecto, uno al que le quitarían, pondrían, cortarían, alargarían a un precio que todos podían permitirse (así nadie notaría que era siempre el mismo vestido) y para regalar llevaban meses bordando unos bolsos muy bonitos que para suerte de ellas estaban de moda.
Quince, esa era la edad que todas cumplirían en los siguientes meses y el número de niñas que los cumplirían en el salón de clases. Teresa soñaba cada noche con todos esos quince cumpleaños que viviría como propios y que no le harían extrañar para nada una gran fiesta.
Laura por su parte llevaba todo ese tiempo planificando la manera de lograr que Teresa no fuera invitada a ninguna fiesta. El motivo era simple: no quería verla brillar en ninguna parte, no en su fiesta y menos aún en las demás. Una noche, mientras Teresa soñaba en bailes y tortas, Laura tuvo una idea que su mente malvada consideraba buena, decirle a todo el mundo que Teresa luego de clases cada día tenía que trabajar ayudando en una heladería, ella lo sabía porque la había visto, pero estaba segura que la mayoría no lo sabía " por qué no lo he dicho antes!" se recriminaba, es por eso que aquella noche Laura no durmió bien, no podía esperar a que las horas pasaran para poder destruir de una vez y para siempre la sonrisa de Teresa,la chica Bella y Simpática a la que odiaba con todas sus fuerzas.
Y así lo hizo, contó eso, ese detalle que en otras urbanizaciones, ciudades o países habría pasado desapercibido, pero para mala de suerte de Teresa, en su urbanización no fue así. Laura añadió además que tenía que trabajar para mantener a sus padres y que gente como ella no debía mezclarse con las de su clase. A todas les lavó el cerebro, a todas las convenció.
Teresa no recibió ninguna invitación.
Con veintidos años las cosas adquieren otra perspectiva, era por eso que Teresa ya no recordaba lágrimas derramadas, no sólo por la decepción, sino por todo el esfuerzo que su hermana había invertido entre vestido y regalos. Pero todo pasa. Incluso lo que en un momento determinado nos ahoga en llanto. Es por eso que todo se había olvidado hasta esa tarde, la tarde en la que Teresa entraba en la tienda de fotos para sacarse una para el pasaporte que la llevaría a recorrer el mundo por 6 meses antes de estudiar un Postgrado que algún país había financiado y que le prometía un futuro maravilloso. Tenía mucho dinero para su edad, un premio nacional de literatura le había abierto las puertas a un viaje para ir por el mundo sin sentirse culpable monetariamente. La vida le sonreía a Teresa, "de vuelta" diría su madre para terminar con una frase que le gustaba mucho utilizar " porque mi niña siempre ha sido una persona buena" .
Al entrar en la tienda vio a una empleada, joven como ella, que tenía una cara fea y amargada (algunas cosas nunca cambian), la reconoció inmediatamente, era Laura, esa misma Laura que se sentía superior, trabajaba en esa tienda porque nunca pudo terminar la universidad, sus padres perdieron todo el dinero con esas vueltas locas que da la vida y le tocaba trabajar duro tomando fotos todo el día a gente que como Teresa, podía viajar a lugares donde ella quizás no llegaría jamás.
Laura le contó todo a Teresa con pelos y señales, con esa facilidad verbal que solo da una vida llena de cosas trágicas, le hablaba con tanta familiaridad que a Teresa le pareció que Laura había olvidado todo el daño hecho. Por eso decidió no contarle nada.
"Y tú Teresa, vienes a tomarte una foto para el Pasaporte?" preguntó Laura, "sí" respondió Teresa, "te vas de viaje?", "no, solo me lo quiero sacar para el futuro, porque uno nunca sabe"
Teresa salió de esa tienda con foto en mano y Laura quedó contenta al saber que aunque Teresa seguía siendo tan bella como siempre, por lo menos ella tampoco viajaría.
Y allí dejamos a Laura, trabajando en esa tienda, soñando con un ascenso que quizás tardará 10 o 20 años en llegar, mientras Teresa en estos momentos, se bebe un café en una taza comprada en alguno de los diferentes países que visita continuamente, es un café que su madre quien la viene a ver seguido al país donde vive actualmente le trae con mucho cariño, nada ha cambiado para ella, sigue siendo igual de feliz que siempre, con el amor de los suyos, solo que le va mejor que antes, mejor económicamente, ya ha tenido esas 100 fiestas que sus padres le prometieron y siempre regala algo hecho por ella, cosa que sus amigos actuales siempre aprecian, y mucho.
De Peligro a Pele el Ojo (o de como el venezolano usa refranes para explicar lo inexplicable) : "la vida te da sorpresas"