Y yo lo escribo.
Rosa regresaba a su casa justo durante el apagón que dejó a Caracas sin luz el martes pasado. Venía de la Universidad, sí, estaba en la universidad, esa donde entrar es muy difícil y donde no importa el dinero que tengas solo tu inteligencia, Rosa no tenía mucho de lo primero pero de lo segundo Dios le había dado de más.
Rosa había nacido en un barrio de Caracas donde el acceso a todo parecía muy cuesta arriba. Pero Rosa creía, creía en ella, en su hermana y en su madre, sí, su madre, esa misma que hacía hasta lo imposible por darles lo mejor, la misma que había luchado con uñas y dientes por defenderlas y protegerlas. Algunas veces Rosa creía hasta en su padre, sí, su padre, ese mismo que nunca había hecho a su mamá feliz y que la vida había hecho tan violento, ese que su mamá había abandonado aún a pesar de las amenazas, ese que no había hecho mucho por ellas ni les había defendido ni protegido nunca, hasta en él, Rosa a veces creía.
Pensando en ella, en su madre, Rosa volvía a casa ese martes, el apagón había hecho mucho más largo su regreso a casa. Normalmente las colas en Caracas hacían de su retorno un camino lento pero ese día las cosas se habían complicado aún más. Durante su trayecto muchas cosas pasaron por su cabeza, entre ellas la imagen de su madre sonriéndole esa mañana mientras le preparaba el desayuno, su madre que se sentía tan orgullosa de ella, su hija que con tanto esfuerzo había llegado a la Universidad, su madre le sonreía y le recordaba lo feliz que estaba por ella, pensaba en su madre pero había algo en ese pensamiento que no le gustaba,siempre que pensaba en su madre se sentía contenta, pero ese día no, intentó llamarla pero los celulares estaban colapsados, decidió pensar en otra cosa, quizás en Ricardo, sí Ricardo,ese chico que tanto le gustaba de la Universidad, pensar en él le hacía sentir mejor siempre, menos esta vez, porque pensaba en su madre y de alguna manera la sentía ajena, algo malo pasaba, se asustó.
Pero no podía hacer nada, la cola era infernal y el celular no funcionaba.
Decidió pensar en su hermana, en como ya a esta hora debía estar en casa y con ella allí nada le pasaría a su madre.
Pero por qué pensaba en su madre? en su hermana?, "la cola", se dijo, "la cola que me hace preocuparme más de lo debido".
De repente sintió ganas de llorar, sentía una presión horrible en el pecho y sin poder evitarlo empezó a odiar el mundo. Lo odiaba, todo lo que lucía rosa ante sus ojos, en esa cola, sin celular y con el apagón, todo se volvía gris, pero de esos grises tan pesados como el metal, un gris pesado, no pudo evitar llorar, sentía morirse, Rosa, ya no lo veía todo rosa, y esa sensación la ahogaba. Nadie se percató que lloraba y mira que lo hacía fuerte, mientras lloraba sentía mucha más tristeza. Quiso salir corriendo y dejar el autobús y la cola infernal, pero no pudo, no pudo moverse, solo pensaba en ella, en su madre.
Finalmente llegó a su destino, subió corriendo las calles que separaban la última parada del autobús de su casa, faltando pocos metros para llegar comenzó a ver todo, la multitud de gente, las cámaras, la policía, todo, menos a ella, a su madre, tampoco divisaba a su hermana, sintió pánico y no pudo seguir corriendo, sólo vino a su mente una imagen, su padre, sí, ese en el que a veces creía, pero no esta, esta vez lo vio y Rosa sintió nuevamente miedo, el mismo miedo que sintió cuando él hace algunos años amenazó a su madre,un miedo que aquella vez y esta le recorrió todo el cuerpo y la paralizó, no pudo continuar los pocos metros que le apartaban de la puerta de su casa, no le hizo falta. Alguna de las vecinas la reconoció y gritó entre toda la gente, "allí está Rosa, la hija mayor", la luz de la cámara la cegó y sólo alcanzó a escuchar una pregunta que le heló el alma, esa pregunta que no olvidará jamás: "por qué crees que tu padre asesinó a tu madre?"
Paradójicamente fue esa pregunta la que le dio fuerzas, y corrió, apartando a todos de su paso, logró entrar aún ignorando a uno de los policías que no sabían quién era y le impedian el paso, ella pasó, llegó corriendo a la cocina de su casa, esa misma donde su madre le había preparado con una sonrisa el desayuno, esa misma donde le había dicho lo orgullosa que se sentía de ella. Y allí, en un rincón, encontró a su hermana menor llorando, justo a su lado yacía su madre muerta.
Asesinada por su padre.
Hoy Rosa se ha despertado, le ha preparado el desayuno a su hermana, ya no son noticia, son solo dos niñas que han perdido a su madre, la mujer que más amaban. Rosa lee algo en la prensa de lo que se ha publicado en estos días, sólo una cosa tiene segura, ya no cree en su padre y se ha propuesto no creer en él nunca más. Rosa hoy ha decidido reconciliarse un poco con la vida, debe hacerlo para poder cuidar de su hermana, es como su mamá lo habría querido y ella así lo hará.
Y yo mientras lo escribo rezo porque desde allí donde esté su madre, desde ese lugar donde van a parar todas las madres buenas que lo único que han hecho en sus vidas es amar a sus hijos, desde allí ella cuide siempre a sus hijas y les dé la fuerza que necesitan para creer que este mundo puede llegar a ser un lugar mejor .
Para Hilda, allí donde quiera que estés.