
El último día del 2006 nos encontrábamos mi hermana menor y yo en
Barcelona, a esta hora estábamos rumbo al aeropuerto para tomar nuestro vuelo de regreso a Amsterdam y así despedir junto a muy buenos amigos el 2006. No teníamos ni idea de todo lo que el 2007 nos traería, pero con ese maravilloso viaje a Barcelona, juntas, la última semana del 2006, sí que teníamos una certeza: la vida, a pesar de sus altos y sus bajos, valía la pena vivirla.
Esa misma certeza la tuvo mi
Tío Luis hasta su último día de vida el 23 de diciembre de este año.
Y nos la transmitió a todos.
Hizo hasta lo imposible para que le viéramos sonreír día a día, tratamiento tras tratamiento, en su cara no vimos reflejado ese dolor que a todos nos consumía el alma al verle pasar por una enfermedad terrible por casi tres años.
Casi tres años de sonrisas y felicidad a medias por nuestro egoísmo de querer que todos los que amamos se queden para siempre con nosotros sin importar qué, y él nos complacía, batalló hasta el final y se prestó para todas las operaciones y tratamientos que los médicos nos recomendaban, menos mal que somos muchos y entre todos arañamos hasta lo último para pagar todo lo que fuera necesario para mantenerle con vida, él sonreía, se sentía tan cuidado y querido como siempre, pero creo que en el fondo fondo presentía que si algo malo le pasaba, no se lo perdonaríamos y por eso aguantaba con esa fortaleza que toda la gente de buen corazón como a él le sobra.
Te me fuiste Tío, y contigo una parte importante de mi vida, esa parte de la infancia que nos hiciste vivir a plenitud, siendo nuestro compañero de juegos tan divertido y ese Tío que nos consentía siempre. Te sigo llorando, pero sé que se me pasará, porque siendo tu sobrina lo menos que me queda para hacerte sentir orgulloso desde allá, desde donde estés, es que me veas feliz y brindando por ti, especialmente hoy, que empieza un nuevo año de mi vida, un nuevo año al que yo intentaré sacarle provecho por los dos.
Mi Tío Luis pidió que unos
mariachis le despidieran en su entierro, pasó su vida entera con música y así nos pidió que le despidiéramos. Ese día en su pueblo llovió a rabiar, supongo que la tristeza ante su partida ni el cielo mismo lo pudo soportar y es que mi Tío Luis era una persona de esas, difíciles de olvidar.
" Nadie se atrevió a compadecerla nunca. Era tan extravagante su fortaleza, que la gente empezó a buscarla para pedirle ayuda. Cuál era su secreto? Quién amparaba sus aflicciones? De dónde sacaba el talento que la mantenía erguida frente a las peores desgracias?
Un día le contó su secreto a una mujer joven cuya pena parecía no tener remedio:
Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos- le dijo-. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo. Quién sabe lo que habrá que enfrentar allá" (Angeles Mastretta- Mujeres de Ojos Grande).
Feliz 2008 para todos.
P.S.: No se preocupen por mí que yo soy de las que se arrugan para arriba.
P.S.1: La foto la tomó " er pisha de cai" en un lugar muy cerquita de mi trabajo en el único día de nieve real que hemos tenido en Holanda este año. Me parece tan bonita y pura como el alma de ese hombre tan maravilloso que fue mi Tío Luis.