Candela
A Candela todo el mundo creía conocerla mejor que a si mismos. 
Si alguien le decía que no quería a su marido lo suficiente a pesar de que ese hombre se desvivía por ella, ella sonreía y explicaba que no todo el mundo manifestaba el cariño por igual, pero nadie veía que al caer la noche Candela le preparaba a ese hombre un baño digno del Rey que Candela tenía como esposo, encendía velas acompañadas de aromas que mandaba a pedir a la India para él, nadie veía como religiosamente muchas veces por semana Candela masajeaba el cuerpo de su marido espantándole todos los males para desembocar en una pasión que ellos disfrutaban muy bien, nadie, ninguno de los que se atrevía a juzgar su amor, veía como en noches de luna llena a Candela le gustaba admirar el rostro de aquel hombre durmiendo, como la luz de la luna que se colaba por su cuarto le daba la claridad suficiente para delinear con sus dedos las cejas de su marido, esas cejas que según ella eran perfectas, ninguno de ellos estaba presente cuando ella le decía "Te quiero" al oído y susurraito por lo menos tres veces al día.
Si alguien le decía que era una floja en su casa, ella sonreía y decía que para algunas cosas prefería pagar, trabajando todo el día en una oficina ganaba lo suficientemente bien para darle trabajo a otra persona que a su vez podía cuidar de su casa mucho mejor que ella. Pero nadie veía como Candela escogía con esmero los platos y copas que ponía en la mesa,seleccionaba con delicadeza las toallas con las que sus invitados se secaban las manos, ni que el jabón con el que todos lavaban sus manos le había llevado días encontrarlo porque luego de oler muchos sapos encontraba un jabón príncipe digno de esos mismos invitados que se dignaban a llamarle floja. Pero a ella le daba igual, no le importaba que nadie lo notara, que nadie se diera cuenta el esfuerzo tan grande que llevaba mantener una casa como la de ella.
Si alguien comentaba que para las mujeres bellas como Candela era fácil conseguir buenos trabajos, ella sonreía y afirmaba que sí, que una buena sonrisa abría muchas puertas, prefería no explicarle a nadie todo lo que había aprendido en la Universidad, ni todos los trabajos que había hecho en su corta vida para obtener la experiencia que llevaba a un puesto como el que ella tenía, ni todos los idiomas que hablaba, ni todas las noches que se había trasnochado para aprender cosas que hoy en día le parecían tan comunes, ni todo lo que ella ayudaba a sus compañeros en los trabajos que había tenido y de como ellos le querían más que a una simple colega, ni de como sus jefes lloraban cuando ella se iba de una empresa a otra que ofrecía cosas mejores porque aunque nadie era irremplazable, Candela era de esas que dejaban huellas y se hacía querer, ella a nadie, pero a nadie le contaba que era de las que prefería trabajar duro y ayudar a todos en la empresa para dejar un buen recuerdo porque era de las que sabía que con el tiempo nadie recuerda lo que hacías en una empresa pero sí como lo hacías, por eso se empeñaba en hacer las cosas bien y así la recordaban, pero eso no lo sabía un recién llegado ni nadie que no trabajara con ella, porque ella no contaba nada, solo sonreía y hacía las cosas bien. Y así llegaba a donde había llegado y llegaría a donde debía llegar.
Si alguien le decía que ella no sabía nada de la vida, ella sonreía y decía que así era mejor porque entonces le quedaba mucho por aprender, prefería no contar nada, pero nada de nada, ni que había visto morir a una persona querida con una enfermedad terrible que nadie pudo curar, ni que lo había tenido todo y perdido todo siendo muy joven, ni que veía a la luna y se le escapaban mil suspiros, ni que le encantaba dejarse mojar por la lluvia sin importar lo que llevara puesto, ni que siempre había amado con mucha intensidad, ni que se conmovía ante el dolor y la tristeza ajenos como si fueran propios, ni que veía en el rostro de un niño el espejo de su propia alma infantil que nunca quería perder, ni que era capaz de oler recuerdos en un café o en la lluvia que quedaba mojada en la tierra y que siempre se llenaba de lágrimas al hacerlo . No, quizás ella no sabía nada de la vida, fuera lo que fuera prefería no hablar de ello.
La gente, todos la conocían mejor que ella a si misma, y así lo prefería Candela, que todos pensaran que sabían mucho sobre ella aunque en realidad no supieran nada, porque a veces las verdades, son mas increíbles que las mentiras. Para Candela era mejor así, permanecer creíble. Porque la verdad, como su nombre, podía quemar. Así su vida se la reservaba solo para ella, ella, la única persona a la que realmente le importaba que fuera feliz.
La foto es de Differ, en su visita a mi casa hace un año ya.




