Agosto siempre me sabe a besos ricos
De los primeros besos, de esos de adolescentes y a escondidas.
Algo tan rico cómo eso? Lo hay, pero eso, eso, es inolvidable.
Qué rico es que te besen como quien intenta extraer de tu alma con ese beso todo lo bueno que está dentro de ti.
Qué rico esos besos de quienes descubrían los besos. Qué rico.
Pero es Agosto el mes que me sabe especialmente a besos. Me besaron por primera vez un mes de Agosto, un día 7, como hoy.
Eran las vacaciones escolares y mi familia pasaba siempre esa temporada en los andes ( de donde son mis padres y de donde es casi toda mi familia).
Hasta mi primer beso, mis vacaciones se centraban básicamente en tres cosas:
- Levantarme muy muy temprano (porque mi abuela servía el último desayuno a las 7 am y quien se despertara después de esa hora, simplemente no comía, no por algo la madre de mi padre es una Doña Bárbara andina con Pistola y todo)
- En correr mucho por esos montañas, jugando todo el día, bañándome en el río una y otra vez con todos mis primos, ríos limpios de mi niñez con un agua que te hacía sentir en la gloria.
- Intentar hacer la cometa más grande del mundo junto a nuestro tío político colombiano que era carpintero y lo podía todo para hacernos feliz.
Todo eso era mi mundo en ese pueblo, hasta que le conocí.
Fui a regañadientas a casa de una amiga de mi prima, yo no quería, quería seguir jugando siempre en los montes con todos mis primos, pero al final accedí, mi prima mayor me dijo que me pusiera un vestido de niña porque siempre andaba como un niño más y yo al final no sé cómo pero me puse el único vestido que recuerdo había llevado conmigo en la maleta y fui con ella a casa de su amiga, para escuchar música juntas. Escuchábamos a Wilfrido Vargas, tocaban el jardinero y allí llegó él, todo sonrisas y con unos ojos que no olvidaré jamás. Quieres bailar conmigo? , me dijo, me quedé paralizada, casi no podía respirar, pero le dije que sí, no sé cómo, bailamos y él se reía mucho porque decía que no sabía bailar, él tenía sólo un año más que yo, pero parecía más, mucho más y bailaba como nadie.
Esa noche no pude dormir, sólo me imaginaba su sonrisa. Pasé las vacaciones enteras pensando en él, no le vi más después de nuestro baile.
Hasta un año después.
Llegaron nuevamente las vacaciones y con ellas mis ganas locas de volverle a ver. Y así fue, recuerdo que caminaba por la calle y él viajaba en un autobús, cuando me reconoció, y gritó mi nombre desde la ventana (no se había olvidado de mí!!!), el corazón casi se me salió por la boca, y disimulé como si no le recordara (no le recordaba??? no había pensado en más nadie y más nada en 365 días!), su cara fue un poema y él autobús se alejó.
Esa tarde pasé horas durante el espejo porque esa noche en la plaza del pueblo todos los primos nos reuniríamos y yo sabía que allí estaría él, intentaba disimular mi emoción, tenía un miedo terrible que alguien sospechara mi amor (como si eso se pudiera disimular). Nos vimos, se acercó a mí y no paró de decirme lo hermosa que estaba, que parecía mayor (gracias AVON!) , la luna estaba preciosa y nosotros nos quedamos sentados hablando en un banco de la plaza, de todo un poco, fue precioso.
Esa noche él y un grupo de amigos llegaron a casa de mi abuela, a la puerta, con serenata y todo, él cantaba, eso es lo único que recuerdo, cantaba y me cantaba a mí, fue hermoso, hasta que mi abuela se levantó con la pistola en mano y amenazó con matarles sino se iban en 20 segundos ( Doña Bárbara!!!), uno de ellos alcanzó a decir que era una serenata para darle la bienvenida a las nietas y ella les dijo que si no se alejaban ella les daba la despedida, pero a ellos! Se fueron.
No pude dormir.
Pasaron 3 días y nos volvimos a ver. Mi prima, La Celestina, nos acompañaba esta vez, él me dijo que quería hablar conmigo, en un rincón de la plaza alejados de los demás, ella nos siguió para despistar a la gente, y allí, en el mismo banco donde nos habíamos dicho tantas cosas 3 días antes él me preguntó de rodillas (sí, de rodillas!) si quería ser su novia, dije que sí y escuché mi respuesta en su grito de felicidad que lo repitió 2 veces Sí, Sí! Pero que fue acallado por mi prima que tenía miedo a que nos oyeran.
Acordamos al día siguiente vernos en casa de mi prima, en su patio que comunicaba con el de un amigo suyo, que nervios saber que te van a besar por primera vez, esa noche tampoco pude dormir.
Llegó el 7 de agosto, esa mañana no pude comer nada, a pesar de haberme despertado a la hora correcta ( bien temprano como lo exigía mi abuela) , sólo pensaba en él. Esa tarde nos vimos, en ese patio, mis primos estaban allí pero mi prima, nuestra Celestina, se las arreglaría para que nos dejaran solos, y así fue, tuvimos un rato para nosotros, ese rato que aprovechamos y ese rato en el que nos besamos, por primera vez. Nunca lo olvidaré. Fue uno de los momentos más mágicos de mi adolescencia.
Con ese primer beso vinieron muchos más hasta el final de las vacaciones, pero la fuerza del destino, no nos hizo repetir, al regresar a Caracas y a pesar de los intentos por mantener nuestro amor, no funcionó.
Pero el recuerdo sigue en mí y se aviva cada Agosto, porque Agosto es y siempre será, por él, el mes que me sabe a besos ricos.
Me pregunto que tantas historias se esconden detrás de tantos primeros besos, seguro que la mayoría es inolvidable.




















